Los riesgos del mal uso de los antibióticos veterinarios

El aumento de la demanda de alimentos de origen animal y las exigentes regulaciones de inocuidad alimentaria han presionado a la industria ganadera a mejorar sus índices de productividad por todas las vías posibles. En consecuencia, en los últimos años se ha presentado un aumento del consumo de medicamentos veterinarios que simultáneamente pone a la industria ganadera en una contradicción diaria: el control de plagas y enfermedades y los límites máximos de residualidad (LMR) permitidos. Por lo anteriormente expuesto, a continuación, se presentarán los puntos más destacados a conocer de este panorama.

El mal uso los medicamentos veterinarios se puede dar por varias razones, como: desconocimiento del tipo de medicamento, uso excesivo de antibióticos e inyecciones; la prescripción no ajustada a las directrices del veterinario, la medicación inapropiada por parte de quienes están a cargo de los animales, incorrecto etiquetado, y una de las más críticas: la resistencia a los medicamentos. Los medicamentos veterinarios se pueden clasificar:

  • Por su naturaleza (inmunológicos o farmacológicos) por sus propiedades (antiparasitarios, analgésicos, anestésicos, etc.);
  • Por su vía de administración (inyectables, orales, tópicos, intraoculares, etc.),
  • Por su forma farmacéutica (comprimidos, soluciones orales, polvos orales, premezclas medicamentosas, soluciones para el agua de bebida, pomadas, etc.),
  • Por sus propiedades: vacunas: que protegen y estimulan la creación de anticuerpos; antibióticos: sustancias que eliminan o inhiben el crecimiento de bacterias, antiparasitarios, anestésicos y promotores de crecimiento (hormonas, estrógenos).

Conocer las características y diferencias entre estos es vital para el correcto uso, ya que, por ejemplo, algunas veces, por la forma farmacéutica de su presentación la dosis puede cambiar, y como resultado se consiga que este sea poco efectivo, o si la dosis fue más alta, se empiece a desarrollar una resistencia.

Antes de que un medicamento veterinario pueda ser comercializado debe obtener la autorización por la autoridad competente de registro que certifique que el producto cumple con los estándares científico técnicos requeridos por la normativa para demostrar su calidad, seguridad y eficacia. La gran mayoría de países cuentan con listados actualizados de los medicamentos aprobados, así como aquellos a los que se les ha suspendido su permiso.

Igualmente, para proteger la salud humana las legislaciones en cada país establecen en qué tipo de animales se pueden usar ciertos medicamentos, con que objeto, los límites máximos de residualidad (LMR) permitidos y los períodos de espera o de supresión (tiempo que debe transcurrir entre la última administración de un medicamento a un animal y la obtención de un alimento procedente del mismo).

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